Braliem Jousc, el verde. 15 años de periodismo cultural en Guatemala. Es el responsable de la agenda cultural diaria más completa del país, con recordatorios constantes de arte, cultura y ocio.
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jueves, 22 de enero de 2009

La calle de los hospitales

Hace una década (bueno, casi dos, jeje) viví 5 meses en una casa que queda a dos cuadras del Centro Médico. Tenía 11 ó 12 años y para mí, fue la época de mi primer contacto con la naturaleza.

“Lo que pasa es que vos son un patojo urbano”, me decía un cuate oriundo de Cobán. Lo mismo diría otra persona íntima, años después: “vos no apreciás el campo porque nunca has vivido en él”. La verdad, ambos tienen razón, amo la ciudad. Me seduce el concreto, especialmente por la noches, cuando se ilumina con tonos amarillos.

Para mí la experiencia campestre no debe exceder de una o dos noches, idealmente con las comodidades de la energía eléctrica y el agua salida del chorro.

Hoy tempranito, pasé de nuevo por el sector de la zona 10, el que empieza con Maderas El Alto y concluye en Las Margaritas.

Mientras los autos trataban de avanzar, recordé esos cinco relajantes meses de contacto pleno con Natura. Y digo contacto pleno porque nunca había vivido en una casa que tuviera un patio tan grande como ese.
De hecho, la vivienda ocupaba apenas el 30% de la propiedad.

Tuve a mi alcance guayabas, naranjas, limas y limones. Cuando había que adornar la casa para el paso de un vía crucis o procesión, bastaba recoger las piñas de los pinos, cortar algunas flores del jardín (amarillas, rojas, blancas, lilas) o recoger algunas agujas de pino.


Pero mis “palos” favoritos eran, un guayabo que creció con una rama torcida (la que se convirtió en mi columpio) y un eucalipto (mi orgullo). Me gustaba el eucalipto porque era el árbol más frondoso y alto en el sector. Con algo de imaginación (desbordo en ella, jeje) adivinaba desde la distancia la silueta de un dinosaurio, y ya saben, uno de niño juega hasta c
on el polvo.

En esos años el Centro Médico era apenas una clínica más. No se adivinaba que se convertiría en un complejo de dos edificios, ni que sus cuadras aledañas se llenarían d
e clínicas y cafés. Lo único de conveniencia que había era una tienda de barrio y un Rapisuper 2x3 (¿los recuerdan? Tenían por logo una mano haciendo un chasquido).

Las cuadras vecinas no estaban cerradas (garitas) y podía disfrutar de un parquecito con ricas bancas para echar la hueva. Desde mi ventana miraba la gente que iba a echarse un chapuzón justo en donde ahora queda la U Galileo. Y cuando era novedad ver las luces Campero, bastaba sacar la cabeza por mi ventana para verlas.


Esa casa luego pasaría a manos de una tía, hasta que nadie más en la familia la alquiló. Creo que la dueña, una octogenaria, falleció y sus herederos vieron que podían sacarle más raja a la casita (hecha huevo, pero funcional). Obvio, la renta se incrementó y en esa esquina (justo en donde empieza la bajadita / subidita de la Marro) dejó vivir gente.

La última vez que pasé a pie por ahí, vi para mi tristeza, que ya no existían los senderos que daban la bienvenida y conducían a ventana amplia que hacía de puerta. Tampoco vi lo cítricos, ni el zacatal en donde era feliz mi conejo. Los pinos desaparecieron al igual que el guayabo y ese eucalipto que tanto me gustaba había sido talado. En su lugar, había un parqueo, escondido detrás de gigantografías.

Mientras los bocinazoas me hacían reaccionar de mi letarno, la nostalgia me invadió en ese tramo de la 6ª avenida de la zona 10, un sector que desde hace tiempo llamo la calle de los hospitales.

10 comentarios:

Eddy dijo...

Así suele pasar vos Verde. Sólo te dejan con el recuerdo y, con suerte, algunas fotografías.

Wendy García Ortiz dijo...

Qué rico es tener presentes esos recuerdos de tu infancia. Por cierto, ya no te comenté el artículo de Rabinal. Me gustó mucho!
También trajiste a mi memoria muchas escenas de mi niñez.

=P

El Aguafiestas dijo...

Qué cambio. Impresionante. Muchos dirán "para bien".

Abril dijo...

Lindo texto Verde, cuando uno pasa por lugares asi se queda... medio ido verdad?

Pero los lindos recuerdos, esos viven para siempre.

Saludos.

Pedro Alejandro dijo...

WOW!!! que interesante. Lo más asombroso es que esa calle se ha transformado de una forma exageradamente rápida. Aparte de tus recuerdos de árboles y caminos me imagino que hay otros de esa casa. gracias por compartirlo!

Le Socialité

el Kontra dijo...

Así es mano, yo crecí por ahí y las Margaritas hoy "centro financiero" era uno de los ecosistemas más de ahuevo de toda la ciudad, era de ahuevo barranquiar por ahí, ahora te cobran parqueo :(
Saludos

el VERDE !!! dijo...

Muchis, gracias por pasar...

Eddy. Lamento mucho no tener fotos de cómo lucía esa casa, snif.

Wendy. A ver cúando sale Rabinal pues, me hace falta probar el pinol, y comer naranjas.

Aguafiestas. Pues sí, hay muchas más cosas, pero muy poco verde. bua, bua.

Abril... con lo fácil q soy pa quedarme ido (jajaja, iba escribir con lo fácil q soy pa irme).

Kontra... pues a mí me llegó tarde Natura. Barranqueé un par de veces, pero en una granja de San Raymundo, y en un cerro de Chinautla. Acá en la ciudad, nunca.

Nancy dijo...

Tan poco tiempo... pero cómo te marcó. Qué interesante, Verde.

Alexxx dijo...

hoy me acorde de vos, me dirigia caminando hacia las margaritas, iba caminando en esa calle donde esta el jardin infantil suger montano, y cuando me doy cuenta, en frente del colegito estan haciendo una escabacion, desaparecio todo lo que estaba ahi, creo que en la esquina habia un restaurante, y en la otra esquina sobre la diagonal habia unos comercios, ahora ya no hay nada, unos cuantos meses que deje de ir por ahi y todo cambia, por todas partes hay construcciones.

el VERDE !!! dijo...

Sip, yo vi el agujero el martes de la semana pasada.

Siempre he dicho que hay q documentar las casas que nacieron en la hoy zona viva, sólo por el puro hecho de preservar el pasado.

Sueño con hacer un recorrido virtual por las diferentes zonas de guate, pero en décadas y siglos diferentes: los años 60, 1920s, etc.

saludos.