Braliem Jousc, el verde. 15 años de periodismo cultural en Guatemala. Es el responsable de la agenda cultural diaria más completa del país, con recordatorios constantes de arte, cultura y ocio.
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miércoles, 8 de abril de 2009

Una procesión, de vendedores.

Hace 10 años veía como algo pintoresco que la gente aprovechara el paso de las procesiones para sacar una mesita y vender aunque sea horchata y panes con frijoles. También me parecía parte del colorido de estas fechas el desfile de las ventas de juguetes, chupetes, algodones y empanadas.

Los vendedores ambulantes solían ir de último, detrás de las procesiones. Eso lo recuerdo porque el premio por "aguantar" ir a ver la procesión era un helado, una golosina o un chupete, y en ocasiones uno de esos globos que al soltar el aire accionan una lengüeta para hacer ruido, o bien, un "ronron" (capirucho con cordel que al sobar el viento, también hace ruido).

En fin, nada del otro mundo. Gente que aprovechaba la bulla de las procesiones para sacarle raja al descanso y hacerse de unos lenes. Mil veces mejor que andar hueviando.

El domingo pasado (Domingo de Ramos) asistí a ver esa procesión (en calidad de acompañante). Llegué a las 8:30 p.m. en el turno en el cual debía cargar mi prima. Por suerte era a pocas cuadras de mi casa. Después de un rato de estar parados en la calle le propuse que fuéramos a ver alfombras porque no se miraba ningún indicio de la procesión.

Sólo pude avanzar 2 CUADRAS, porque me resultó imposible moverme debido a tantas ventas ambulantes. Basado en la experiencia de mi niñez y adolescencia, supuse que el anda estaba por asomarse (estaba en frente del Parque de San Sebastián, sobre la calle). Le dije entonces a mi prima que volviéramos a la esquina de su turno. Eran las 9 p.m.

La bendita procesión se asomó a las 10:30 p.m. Y en esa hora y pico de espera pasaron como 25 carretas de comida, 50 vendedores de comida, y otro tanto de baratijas y chucherías. Me impresionó.

Antes las ventas iban detrás de las procesiones, ahora, les preceden. Y no es un puñado de vendedores, estamos hablando que el bloque de ventas supera el largo del cortejo.

¿Crisis, nececidad, una manera de mezclar negocios y devoción? Creo que una mezcla de todo. Habría que estudiar cómo una procesión se ha vuelto una extensión más de la economía informal.


2 comentarios:

Patricia Cortez dijo...

verde, ahora, mas de 5 horas antes de que pase el cortejo, antes de que hagan las alfombras se instalan las ventas. pura feria, churrasqueras y churrerías incluídas.
lo siento pero lo del "procesiodromo" se hace cada vez más necesario. son 8 días de aguantar.

Alexxx dijo...

es una multitud de vendedores, pero son en estas espocas y en esos eventos donde aprovechan a vender un poco, hay que aguantarlos su cachito.